El Asedio
Emilio Díaz Valcárcel
(Puerto Rico)
(Puerto Rico)
Una familia normal y feliz, pensó apoyada sobre el volante. Un padre gordo y de apariencia próspera, recién afeitado, una bella pareja de niños, y una madre que alcanza ya los treinta años, mofletuda, satisfecha como toda mujer que siente colmados sus instintos cardinales.
Sintió subírsele a la garganta el confuso sentimiento de ilegitimidad que permanecía anclado en ominoso acecho en el fondo de su espíritu. Un espíritu contrahecho, pensó, regocijándose en su propio flagelo. O tal vez el espíritu esté intacto, murmuró agarrándose a una posible reconciliación consigo misma. Pero ningún alivio provino de este pensamiento. Y, sin saber por qué, tiró molesta de su falda hacia abajo, como si con ello cortara el torturante fluir de pensamientos que había comenzado justamente cuando ella detuvo el automóvil frente al edificio de departamentos. La falda, que delataba unas caderas secas, no era lo suficientemente larga para cubrir las rodillas nudosas, casi masculinas.
