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Cada semana leeremos un cuento o un poema de algún autor hispano.
Te invito a participar de la siguiente manera:
1. Escoge un cuento, poema, o ensayo de la lista de autores que aparece en la columna del lado derecho del blog. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
2. Después de leer el material elegido, crea una historia usando las ocho palabras que el grupo ¿Y... qué me cuentas? escogió en clase, o escoge otras ocho palabras de la lectura que quieras practicar. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
3. Sube tu historia usando el enlace de comentarios ("comments"). Lo encontrarás al final de cada lectura.
No temas cometer errores en tu historia. Yo estoy aquí para ayudarte. Tan pronto subas tu historia, yo te mandaré mis comentarios.
¿Estás listo? ¡ Adelante!

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Y…¿qué me cuentas?

Este video muestra el momento en el que los estudiantes de

Y…¿qué me cuentas?

crean una historia usando ocho palabras extraídas de un cuento previamente leído en clase.

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Recomendación al Gobierno de México por parte del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CCIME) durante su XVII reunión ordinaria.

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Sunday, May 10, 2015

El Asedio, de Emilio Díaz Valcárcel



El Asedio
Emilio Díaz Valcárcel
(Puerto Rico)

Una familia normal y feliz, pensó apoyada sobre el vo­lante. Un padre gordo y de apariencia próspera, recién afei­tado, una bella pareja de niños, y una madre que alcanza ya los treinta años, mofletuda, satisfecha como toda mujer que siente colmados sus instintos cardinales.
Sintió subírsele a la garganta el confuso sentimiento de ilegitimidad que permanecía anclado en ominoso acecho en el fondo de su espíritu. Un espíritu contrahecho, pensó, regocijándose en su propio flagelo. O tal vez el espíritu esté intacto, murmuró agarrándose a una posible reconciliación consigo misma. Pero ningún alivio provino de este pensa­miento. Y, sin saber por qué, tiró molesta de su falda hacia abajo, como si con ello cortara el torturante fluir de pen­samientos que había comenzado justamente cuando ella detuvo el automóvil frente al edificio de departamentos. La falda, que delataba unas caderas secas, no era lo suficiente­mente larga para cubrir las rodillas nudosas, casi masculinas.