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No temas cometer errores en tu historia. Yo estoy aquí para ayudarte. Tan pronto subas tu historia, yo te mandaré mis comentarios.
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Monday, May 16, 2011

"Margarita o el poder de la farmacopea" por Adolfo Bioy Casares.

Para leer el ejercicio relacionado con este cuento, haga click aquí.
Margarita o el poder de la farmacopea

Adolfo Bioy Casares

No recuerdo por qué mi hijo me reprochó en cierta ocasión:
-A vos todo te sale bien.
El muchacho vivía en casa, con su mujer y cuatro niños, el mayor de once años, la menor, Margarita, de dos. Porque las palabras aquellas traslucían resentimiento, quedé preocupado. De vez en cuando conversaba del asunto con mi nuera. Le decía:
-No me negarás que en todo triunfo hay algo repelente.
-El triunfo es el resultado natural de un trabajo bien hecho -contestaba.
-Siempre lleva mezclada alguna vanidad, alguna vulgaridad.
-No el triunfo -me interrumpía- sino el deseo de triunfar. Condenar el triunfo me parece un exceso de romanticismo, conveniente sin duda para los chambones.
A pesar de su inteligencia, mi nuera no lograba convencerme. En busca de culpas examiné retrospectivamente mi vida, que ha transcurrido entre libros de química y en un laboratorio de productos farmacéuticos. Mis triunfos, si los hubo, son quizá auténticos, pero no espectaculares. En lo que podría llamarse mi carrera de honores, he llegado a jefe de laboratorio. Tengo casa propia y un buen pasar. Es verdad que algunas fórmulas mías originaron bálsamos, pomadas y tinturas que exhiben los anaqueles de todas las farmacias de nuestro vasto país y que según afirman por ahí alivian a no pocos enfermos. Yo me he permitido dudar, porque la relación entre el específico y la enfermedad me parece bastante misteriosa. Sin embargo, cuando entreví la fórmula de mi tónico Hierro Plus, tuve la ansiedad y la certeza del triunfo y empecé a botaratear jactanciosamente, a decir que en farmacopea y en medicina, óiganme bien, como lo atestiguan las páginas de "Caras y Caretas", la gente consumía infinidad de tónicos y reconstituyentes, hasta que un día llegaron las vitaminas y barrieron con ellos, como si fueran embelecos. El resultado está a la vista. Se desacreditaron las vitaminas, lo que era inevitable, y en vano recurre el mundo hoy a la farmacia para mitigar su debilidad y su cansancio.
Cuesta creerlo, pero mi nuera se preocupaba por la inapetencia de su hija menor. En efecto, la pobre Margarita, de pelo dorado y ojos azules, lánguida, pálida, juiciosa, parecía una estampa del siglo XIX, la típica niña que según una tradición o superstición está destinada a reunirse muy temprano con los ángeles.
Mi nunca negada habilidad de cocinero de remedios, acuciada por el ansia de ver restablecida a la nieta, funcionó rápidamente e inventé el tónico ya mencionado. Su eficacia es prodigiosa. Cuatro cucharadas diarias bastaron para transformar, en pocas semanas, a Margarita, que ahora reboza de buen color, ha crecido, se ha ensanchado y manifiesta una voracidad satisfactoria, casi diría inquietante. Con determinación y firmeza busca la comida y, si alguien se la niega, arremete con enojo. Hoy por la mañana, a la hora del desayuno, en el comedor de diario, me esperaba un espectáculo que no olvidaré así nomás. En el centro de la mesa estaba sentada la niña, con una medialuna en cada mano. Creí notar en sus mejillas de muñeca rubia una coloración demasiado roja. Estaba embadurnada de dulce y de sangre. Los restos de la familia reposaban unos contra otros con las cabezas juntas, en un rincón del cuarto. Mi hijo, todavía con vida, encontró fuerzas para pronunciar sus últimas palabras.
-Margarita no tiene la culpa.
Las dijo en ese tono de reproche que habitualmente empleaba conmigo.

4 comments:

  1. jengibre – ginger root
    triunfo – triumph
    esperanza – hope
    aliviar – to ease
    animar – to encourage
    ternura – tenderness
    recuerdo – the souvenir, I remember
    traslucir – to be translucent, to demonstrate, to betray
    .
    La respuesta correcta es el cinco
    .
    Es tan simple. No sé porqué todos lo hacen tan complicado. Mira. Del cero al cuatro hay cinco números: cero, uno, dos, tres, y cuatro. Y del seis al diez hay cinco números también: seis, siete, ocho, nueve, y diez. En el rango del cero al diez, el cinco está firme situado en medio. Es obvio que el cinco nació privilegiado.
    .
    Todos tienen su motivo para animarse y para creerse mejor. El nueve, siendo tan industrial, no entiende como el seis puede pasar toda su vida aliviado, relajado con la pata en el aire. Y el cuarto, siempre con una pierna cruzada, piensa que el cero nunca va a aumentar a nada – mira como se le trasluce. El ocho desprecia al tres porque no se desarrollo en una forma redonda perfecta como la de él. El siete cree que él es especial, alto, ancho arriba, y delgado abajo, y se ríe del uno que tiene que advertir su estado a los demás en guantes enormes hechos de caucho esponjoso barato. Los vecinos, el uno y el cero, no con ternura pero para triunfar, se unen juntos, formando un patético diez, el puesto que el siete, el ocho, y el nueve – aunque equivocados – creyeron el mejor lugar pero hasta eso nunca lo realizaron. El cuatro ni tuvo esperanza ni la mejor idea, y simplemente se sentó enseguida de mi. Y el pobre dos, si no pasaría toda su vida al revés como un jengibre bajo la tierra, hubiera sido un cinco – como yo.
    .
    Sí, nosotros los cincos somos los mejores números de todos. Vivimos en un lugar especial: en medio de teclados de teléfonos y calculadoras. Somos las únicas teclas numéricas que tiene una protuberancia. Servimos para decidir como redondear cuentas bancarias. Existimos en todas monedas – de papel y del plata.
    .
    Entre tu y yo, creo que los otros números solamente existen por la temporada para dar contraste a mi ideal. Al fin, todos los cincos que se han borrado van a reaparecer – nada más los cincos.
    .
    Así es que ya sabes. Si alguien te pregunta «¿Cuál es el número más importante de todos?», recuerda, la respuesta correcta es el cinco.
    .

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  2. Té de mango, jengibre y miel

    Desde los tiempos en que era una tierna niña se había simpatizado con sus abuelos y otras personas de la tercera edad.  Siempre buscaba una manera de aliviar los problemas que tenían con la falta de memoria o de las fuerzas físicas para completar las tareas domésticas.  Notaba cómo la confusión interior de algunos de ellos se traslucía por sus trémulos movimientos y pasos inciertos. Iba a los asilos para ancianos, platicaba con los residentes y les animaba a tejer, a dibujar o a participar en un juego de damas.  Les escuchaba mientras contaban sus pesares y celebraba sus triunfos con ellos.
    Pero a pesar de su admiración para los ancianos, ella retenía la esperanza de evitar los problemas de salud que había visto entre sus amigos y parientes mayores.  Cuando notó que a veces a ella misma se le olvidaban cosas importantes, se preguntó qué podía hacer para poder siempre recordar las cosas necesarias.  Tampoco quería padecer del artritis, el reumatismo o problemas digestivos al llegar a la edad avanzada. Alguien le sugirió que tomara un té especial, hecho con la savia de un mango, jengibre y miel, para mantenerse en buena forma física y mental.  Siquió el consejo y también pensó en los residentes del asilo donde ahora pasaba cada vez más tiempo haciendo trabajo voluntario.  Empezó a servirles este té delicioso y provechoso.  Realmente parecía que les ayudaba, porque decían que tenían más energía y que se sentían más alertos.  Lo seguro fue que todos anticipaban con entusiasmo reunirse las tardes en la sala para platicar y tomar el refrescante té.
    Una mañana la voluntaria se despertó pensando en todas las cosas que tenía que hacer ese día.  Primero había que preparar el té de los ancianos y llevarlo al asilo.  Se levantó y caminó los pocos pasos de su cama a la pequeña cocina, pero por su sorpresa el rico olor del té de mango, jengibre y miel ya se esparcía por toda la habitación.  Vio que en la mesa había una tetera con un diseño delicado y rosado junto con una taza del apetitoso líquido ya servido.  Por un momento se sentía un poco confusa, pero entonces empezó a reírse.  Su sentido interior de salud y paz se oía en su risa, que junto con el aroma del té, llenaba la habitación.  Todavía riéndose, dijo para sí  –Tengo que recordar una cosa muy importante:  que han pasado muchos años desde que aprendí a preparar este té, que ya he tenido una vida larga y saludable...y que ahora yo vivo aquí en el asilo de ancianos.

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  3. Keatha,
    Ni hablar. Tu gramática y ortografía han mejorado muchísimo. En esta historia sólo tuviste dos errores por lo que consideré innecesario copiar todo tu ejercicio. Felicidades! Continúa en este camino. Yo ya quisiera escribir en inglés como tú escribes en español!
    Mis comentarios:

    (1) "alertos"- alertas"
    (2) "por su sorpresa"- "para su sorpresa"
    Gracias por participar!

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  4. Ron!!!!!
    Tu historia está excelentemente escrita!!!!! Ahora sí que me dejaste patas p'arriba! Creo que este ejercicio tuyo es como tu graduación del curso! Felicidades.... pero no por "graduarte" vas a dejar de particiipar, eh?

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