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Cada semana leeremos un cuento o un poema de algún autor hispano.
Te invito a participar de la siguiente manera:
1. Escoge un cuento, poema, o ensayo de la lista de autores que aparece en la columna del lado derecho del blog. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
2. Después de leer el material elegido, crea una historia usando las ocho palabras que el grupo ¿Y... qué me cuentas? escogió en clase, o escoge otras ocho palabras de la lectura que quieras practicar. Para encontrar un ejemplo, haz clic aquí.
3. Sube tu historia usando el enlace de comentarios ("comments"). Lo encontrarás al final de cada lectura.
No temas cometer errores en tu historia. Yo estoy aquí para ayudarte. Tan pronto subas tu historia, yo te mandaré mis comentarios.
¿Estás listo? ¡ Adelante!

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Y…¿qué me cuentas?

Este video muestra el momento en el que los estudiantes de

Y…¿qué me cuentas?

crean una historia usando ocho palabras extraídas de un cuento previamente leído en clase.

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Y…¿qué me cuentas?

Recomendación al Gobierno de México por parte del Consejo Consultivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (CCIME) durante su XVII reunión ordinaria.

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Wednesday, January 16, 2013

"Leyenda del cadejo" de Miguel Angel Asturias

Leyenda del cadejo
Miguel Angel Asturias
(Guatemala)

Madre Elvira de San Francisco, prelada del monasterio de Santa Catalina, sería con el tiempo la novicia que recortaba las hostias en el convento de la Concepción, doncella de loada hermosura y habla tan candorosa que la palabra parecía en sus labios flor de suavidad y de cariño.
Desde una ventana amplia y sin cristales miraba la novicia volar las hojas secas por el abraso del verano, vestirse los árboles de flores y caer las frutas maduras en las huertas vecinas al convento, por la parte derruida, donde los follajes, ocultando las paredes heridas y los abiertos techos, transformaban las celdas y los claustros en paraísos olorosos a búcaro y a rosal silvestre; enramadas de fiesta, al

Monday, January 14, 2013

Ejercicio de lectura y escritura de "La casa en Mango Street" de Sandra Cisneros

Para leer el cuento de este ejercicio haga clic aquí.
 ¡Saludos!
Estoy muy contento porque el día de hoy tuvimos la primera clase de ¡Y qué me cuentas! en Cambridige, MA. El grupo se conformó con ocho estudiantes angloparlantes con profesiones distintas. Es un grupo muy activo e interesado en el aprendizaje del idioma español lo cual ayuda a que la clase fluya y sea entretenida. Como primer clase había decidido que leyéramos "El amor que yo quería contar" de Rogelio Guedea. Sin embargo, cambié de opinión y decidí que leyéramos "La casa en Mango Street". A pesar de que soy muy estricto en que mis alumnos lean historias escritas originalmente en español, decidí hacer una excepción debido a que Sandra Cisneros es una escritora chicana que retrata muy bien el sentir, el pensar y el actuar del hispano que vive en Estados Unidos, visto a través de una niña que pronto dejará de serlo. Además, la traducción de Elena Poniatowska, mexicana por adopción y francesa por nacimiento, capta con precisión la voz de la narradora, la voz de Sandra, y desvela su propia voz de escritora en una narración que atrapa a sus lectores.
Al término de la discusión de "La casa en Mango Street"- y como ya es costumbre en mi curso- los estudiantes eligieron sus ocho palabras para construir con ellas su propia historia.
Estas fueron las ocho palabras que eligieron:

1. Mudanzas
2. Escaleras
3. El techo
4. Banqueta
5. Agua
6. Apretado
7. Senalar
8. Robo

La historia que escribieron con ellas es la siguiente:

La mudanza constante es parte de mi vida. Hoy es un día tipico. Me estoy mudando a un departamento nuevo. Acarreo cosas muy pesadas por las escaleras apretadas. Mi hermano mayor vigila la puerta para que no haya robo de mis cosas. Me mudé porque el nuevo departamento tiene agua corriente y un techo completo. A pesar de este mejoramiento, el graffiti en la banqueta señala que no he llegado a un sitio perfecto. Ojala que un sitio perfecto venga un día.

Ahora espero que el grupo de ¡Y qué me cuentas! en Austin, TX se anime a leer "La casa de Mango Street" y comparta con nosotros su propia historia escrita con ocho palabras de su elección.

Y por supuesto, espero que mis alumnos en Cambridge suban sus ejercicios personales en el enlace que dice "comments".

 ¡Hasta la próxima!

"La casa en Mango Street" de Sandra Cisneros

Para leer el ejercicio de este cuento haga clic aquí.
La casa en Mango Street 
Sandra Cisneros
Traducción al español: Elena Poniatowska


No siempre hemos vivido en Mango Street. Antes vivimos en el tercer piso de Loomis, y antes de allí vivimos en Keeler. Antes de Keeler fue en Paulina y de más antes ni me acuerdo, pero de lo que sí me acuerdo es de un montón de mudanzas. Y de que en cada una éramos uno más. Ya para cuando llegamos a Mango Street éramos seis: Mamá, Papá, Carlos, Kiki, mi hermana Nenny y yo. La casa de Mango Street es nuestra y no tenemos que pagarle renta a nadie, ni compartir el patio con los de abajo, ni cuidarnos de hacer mucho ruido, y no hay propietario que golpee el techo con una escoba. Pero aún así no es la casa que hubiéramos querido. Tuvimos que salir volados del departamento de Loomis. Los tubos del agua se rompían y el casero no los reparaba porque la casa era muy vieja. Salimos corriendo. Teníamos que usar el baño del vecino y acarrear agua en botes lecheros de un galón. Por eso mamá y Papá buscaron una casa, y por eso nos cambiamos a la de Mango Street, muy lejos, del otro lado de la ciudad. Siempre decían que algún día nos mudaríamos a una casa, una casa de verdad, que fuera nuestra para siempre, de la que no tuviéramos que salir cada año, y nuestra casa tendría agua corriente y tubos que sirvieran. Y escaleras interiores propias, como las casas de la tele. Y tendríamos un sótano, y por lo menos tres baños para no tener que avisarle a todo mundo cada vez que nos bañáramos. Nuestra casa sería blanca, rodeada de árboles, un jardín enorme y el pasto creciendo sin cerca. Esa es la casa de la que hablaba Papá cuando tenía un billete de lotería y esa es la casa que Mamá soñaba en los cuentos que nos contaba antes de dormir. Pero la casa de Mango Street no es de ningún modo como ellos la contaron. Es pequeña y roja, con escalones apretados al frente y unas ventanitas tan chicas que parecen guardar su respiración. Los ladrillos se hacen pedazos en algunas partes y la puerta del frente se ha hinchado tanto que uno tiene que empujar fuerte para entrar. No hay jardín al frente sino cuatro olmos chiquititos que la ciudad plantó en la banqueta. Afuera, atrás hay un garaje chiquito para el carro que no tenemos todavía, y un patiecito que luce todavía más chiquito entre los edificios de los lados. Nuestra casa tiene escaleras pero son ordinarias, de pasillo, y tiene solamente un baño. Todos compartimos recámaras, Mamá y Papá, Carlos y Kiki, yo y Nenny. Una vez, cuando vivíamos en Loomis, pasó una monja de mi escuela y me vio jugando enfrente. La lavandería del piso bajo había sido cerrada con tablas arriba por un robo dos días antes, y el dueño había pintado en la madera SI, ESTÁ ABIERTO, para no perder clientela.

—¿Dónde vives? preguntó.
Allí, dije señalando arriba, al tercer piso.
—¿Vives allí?

Allí. Tuve que mirar donde ella señalaba. El tercer piso, la pintura descarapelada, los barrotes que Papá clavó en las ventanas para que no nos cayéramos. ¿Vives allí? El modito en que lo dijo me hizo sentirme una nada. Allí. Yo vivo allí. Moví la cabeza asintiendo. Desde ese momento supe que debía tener una casa. Una que pudiera señalar. Pero no esta casa. La casa de Mango Street no. Por mientras, dice Mamá. Es temporario, dice Papá. Pero yo sé cómo son esas cosas.

Sandra Cisneros

Sunday, January 13, 2013

Clase de ¡ Y qué me cuentas! en el Cambridge Center for Adult Education a partir del 14 de enero del 2013

Saludos a todos!
Quiero compartir con ustedes que a partir del 14 de enero voy a comenzar un curso de ¡Y qué me cuentas! en el Cambridge Center for Adult Education. Esto quiere decir que por fin podré compartir la experiencia del curso que he tenido en Austin, Texas desde el 2009 ahora con gente en Cambridge MA. Una de mis ideas es que leamos por lo menos un mismo cuento los dos grupos durante una misma semana para ver qué ocho palabras escoge cada uno de los grupos y qué cuento escriben con ellas. Eso lo haremos durante la misma semana que espero que sea a mediados de febrero. Me pondré en contacto con Keatha (quien desde hace un año es la profesora del grupo presencial en Austin) para decidir qué lectura podemos realizar los dos grupos. ¡Va a ser una experiencia interesante!

Estoy muy contento de iniciar este curso y de expandir el interés por la literatura hispana y el idioma español ahora en Cambridge.

Saludos :)

Ramón.


Saturday, January 12, 2013

Ejercicio de lectura y escritura de "El amor que yo quería contar" de Rogelio Guedea

Para leer el cuento relacionado con este ejercicio, haga clic aquí.
El día de hoy 12 de enero del 2013 tuvimos una sección de ¡Y qué me cuentas! en el Cambridge Center for Adult Education, en Cambridge, Massachusetts, como parte de un día de inmersión en español. Los once asistentes a la clase, todos angloparlantes, leyeron "El amor que yo quería contar" de Rogelio Guedea. La participación fue muy activa y como resultado seleccionaron ocho palabras para escribir una historia grupal con ellas. Comparto con ustedes este ejercicio y los invito a que vean otro ejercicio similar del mismo cuento que realizaron mis alumnos en Austin, Texas en el 2011 haciendo clic aquí.

Las ocho palabras que eligieron fueron las siguientes:
1. Lluvia
2. El azar
3. Conocerse
4. Advertir
5. Sabor
6. Pasillos
7. Zapatillas
8. Besos

La historia que escribieron es la siguiente:
"Estaba lloviendo y el sonido de las zapatillas me advirtió que alguien llegaba. Los pasillos estaban mojados. El azar me hizo voltear. Vi a una amiga a quien conocí hace 20 años y a quien no había visto desde hace 15 años.  Ella me dio un beso sabroso y un abrazo fuerte. Fuimos a un restaurante donde hay comida con mucho sabor."

Friday, January 11, 2013

Ejercicio de lectura y escritura de "El milagro secreto" de Jorge Luis Borges

Para leer el cuento relacionado con este ejercicio haga clic aquí.
Hola Ramón,

¡Espero que hayas pasado unas fiestas felices! Y también te deseo ¡¡lo mejor en 2013!!!

El miércoles nosotros leímos y discutimos «El milagro secreto» de Borges. Entonces escogimos estas ocho palabras:

1. El bibliotecario
2. Al azar
3. El atardecer
4. Húngaro
5. Arredrar
6. Convergir
7. Justificar
8. La mejilla

Lo que sigue es el cuento que escribimos juntos:

Hace mucho tiempo había un bibliotecario que hablaba húngaro. Cada atardecer, la gente húngara se convergía en la biblioteca para escucharlo contar los cuentos que se escogían al azar. Un día unos jóvenes españoles trataron de arredrar a los Húngaros, pero el bibliotecario trató de justificar su presencia y al final les dio golpes en la mejilla a los jóvenes españoles.

Sunday, January 6, 2013

"El milagro secreto" de Jorge Luis Borges

Para leer el ejercicio de lectura y escritura de este cuento haga clic aquí.
El milagro secreto
Jorge Luis Borges

Y Dios lo hizo morir durante cien años y luego lo animó y le dijo:
—¿Cuánto tiempo has estado aquí?
—Un día o parte de un día, respondió.

Alcorán, II, 261.

La noche del catorce de marzo de 1939, en un departamento de la Zeltnergasse de Praga, Jaromir Hladík, autor de la inconclusa tragedia Los enemigos, de una Vindicación de la eternidad y de un examen de las indirectas fuentes judías de Jakob Boehme, soñó con un largo ajedrez. No lo disputaban dos individuos sino dos familias ilustres; la partida había sido entablada hace muchos siglos; nadie era capaz de nombrar el olvidado premio, pero se murmuraba que era enorme y quizá infinito; las piezas y el tablero estaban en una torre secreta; Jaromir (en el sueño) era el primogénito de una de las familias hostiles; en los relojes resonaba la hora de la impostergable jugada; el soñador corría por las arenas de un desierto lluvioso y no lograba recordar las

Sunday, December 30, 2012

"Una profecía del Calendario Maya" por Jue Min

Una profecía del Calendario Maya: En el año 2012 los seres humanos entrarán en una nueva civilización

Según los mayas, el 21 de diciembre de 2012 es el fin de esta civilización humana. Ellos no mencionaron la causa, pero una cosa es clara: el último día no significará el arribo de ninguna calamidad; en cambio, implica una nueva conciencia cósmica y una transición espiritual hacia la nueva civilización

Por Jue Min - La Gran Época

Según el Calendario del Largo Conteo Maya, el 21 de diciembre de 2012 es el fin de esta civilización humana. Los seres humanos entrarán en una nueva civilización, la cual no tiene ninguna relación con la presente. La gente maya no mencionó la causa. Una cosa es clara: el último día no significará el arribo de ninguna calamidad; en vez de esto, implica una completa nueva conciencia cósmica y una transición espiritual hacia la nueva civilización.

La gente maya no tenía la tecnología avanzada que tenemos hoy, pero eran sorprendentemente expertos en astrología y matemática. Además, había muchos acertijos sin resolver. Ellos tenían avanzados sistemas de rutas, pero no usaban ruedas. Por lo tanto, ellos no

Friday, December 28, 2012

Ejercicio de lectura y escritura de “Cuento de Año Nuevo” de José Luis Álvarez Fermosel.

Para leer el cuento relacionado con este ejercicio haga clic aquí.
Hola, Ramón,
El miércoles 26 de diciembre leímos “Cuento de año nuevo” de José Luis Álvarez Fermosel.

El cuento fue interesante y también tuvimos tiempo para escribir nuestro cuento en forma grupal.
Las 8 palabras que escogimos:
1. Puré de guisantes
2. Perseguir
3. Fúlgido
4. Borroso
5. Súbitamente
6. Retrato
7. Apresuradamente
8. Despertarse

El cuento del grupo:
Me despertó súbitamente el olor de puré de guisantes. Mi mente sentía borrosa, pero decidí a perseguir el olor. En la cocina encontré a una mujer con indumentaria fúlgida. Ví el retrato de mi tía en la pared y supe que la mujer era mi prima loca Zenia. Ella me besó y me escapé apresuradamente.

Thursday, December 27, 2012

"Cuento de Año Nuevo" de José Luis Álvarez Fermosel

Para ver el ejercicio de lectura y escritura de este cuento haga clic aquí.
Cuento de Año Nuevo
José Luis Álvarez Fermosel

Iba yo corriendo, -¡dále que te pego!-, y no dejaba de correr detrás de un viejecito encorvado que tenía unos números, bastante borrosos, por cierto, pintados, o cosidos en la espalda de su camisola color ala de mosca. ¿Sería un escapado de presidio? No, porque en ese caso tendría que llevar la clásica indumentaria a rayas horizontales de los reclusos, tal como salen en las historietas, u otra prenda distintiva.
Lo curioso era que el hombre parecía ir muy despacio y yo, que corría a toda velocidad, no le alcanzaba. Ahora bien, ¿por qué perseguiría yo a ese buen señor? ¿Estaría llevándose algo que me había pertenecido, que nos había pertenecido a muchos? ¿Parte de nuestra vida, de nuestro tiempo, quizás?
Hacía frío, a veces hacía calor, otras llovía y yo no me mojaba ni sentía frío ni calor, ni transpiraba, a pesar de que corría con ganas.
Pero no conseguía acercarme al viejecito, que contra toda lógica parecía estar al alcance de mi mano. Me acordé del siempre lejano, inaccesible castillo de la novela de Kafka y del via crucis del pobre agrimensor, tratando de llegar a él a toda costa y sin ninguna posibilidad de lograrlo.
Por el rabillo del ojo veía a otras personas, coches y otros vehículos, árboles, faroles, escaparates, niños que parecían ir al colegio, o salir de él, perros callejeros, un menesteroso en una esquina, un policía con su uniforme azul y su gorra de plato.
Lo veía todo como si fuera muy miope y no llevara puestas lentillas ni gafas. Debía padecer, además, algún tipo de daltonismo, porque el tono dominante era el gris ratón.
El anciano no perdía ripio, mientras que a mí me costaba muchísimo avanzar. Me pesaban las piernas, como si fueran de plomo. El viejecito se adentro súbitamente en una neblina tan espesa como la que los ingleses llaman “puré de guisantes”.
De pronto se cruzó en mi camino una señora madura, alta, quizás no distinguida, pero tampoco ordinaria. Tenía el pelo del mismo color del acero y los ojos entre azules y grises, fijos y tristes, insondables: los ojos de los que ya lo han visto todo. Vestía de gris y llevaba en los brazos algo parecido a un pequeño paquete.
Se acercó a mí y me pasó el fardo, nunca mejor empleada la expresión. ¡Contenía un niño recién nacido! Sobre su ropita de lana azul de bebé campeaban unos números en fúlgido escarlata. Lo estreché contra mí. La señora me dijo en voz baja:
- Ahí está. El nuevo. Va a ser muy bueno. Vívalo a conciencia.
- Pero, ¿durará? Los mayas dijeron…
- ¡A los mayas que les den dos duros, o dos euros, ahora!
Un relámpago tiñó el cielo de azul por unos instantes. Acto seguido, todo se nubló, para despejarse enseguida. Me desperté. Me había quedado dormido en mi silla de lona verde de director de cine frente a una copia hecha por mi abuelo del famoso cuadro de la chica morena con el cántaro azul de Romero de Torres.
Me acordé inmediatamente de aquella obsesionante película que protagonizaron Edward G. Robinson y Joan Bennet y dirigió Fritz Lang en 1944, basada en la novela “Once off Guard” de S. W. Wallis, que todavía puede verse en cine clubs y en la televisión: “La mujer del cuadro” (“The woman in the window”).
El fatalista recorrido del infeliz protagonista llega a su término cuando se despierta cómodamente arrellanado en una butaca de un salón de su club, frente a un retrato de una bellísima mujer -como pintado por Winterhalter-, punto de partida del film, considerado como uno de los mejores de Lang.
Todo había sido un sueño.

Sunday, December 16, 2012

"El Pavo de Navidad" de Mario de Andrade

Nuestra primera Navidad en familia, después de la muerte de papá ocurrida cinco meses antes, fue de consecuencias decisivas para la felicidad familiar. Nosotros siempre fuimos una familia feliz, en ese sentido bien amplio de felicidad: gente honesta, sin crímenes, hogar sin peleas internas ni graves dificultades económicas. Pero, debido en parte a la naturaleza gris de mi padre, ser desprovisto de todo tipo de lirismo, instalado en la mediocridad, siempre nos había faltado ese disfrute de la vida, ese gusto por las felicidades materiales: un buen vino, un balneario, el refrigerador, cosas así. Mi padre había sido un gran equivocado, casi dramático, el pura-sangre de los esfuma-placeres.

Mi padre murió, lo sentimos mucho, etc. Cuando ya nos acercábamos a la Navidad, yo no sabía qué hacer para poner distancia con esa memoria del muerto que obstruía, que parecía haber sistematizado para siempre la obligación de un recuerdo doloroso en cada comida,

Saturday, December 15, 2012

Ejercicio de lectura y escritura de "La casa de Asterión" de Jorge Luis Borges

Para leer el cuento relacionado con este ejercicio haga clic aquí.
Escogimos estas 8 palabras del cuento La casa de Asterión de Jorge Luis Borges:

1. Palacio
2. Misantropía
3. Vulgo
4. Patio
5. Rodar
6. Mareado
7. Polvo
8. Sótano

Sigue el cuento que escribimos en nuestro grupo:

El vulgo decía que en el sótano del palacio había mucho polvo y cadáveres. Fue tan espantoso que estaba mareado cuando lo vio. Tenía que tener mucho cuidado para no rodar en el piso. Afuera en el patio había un misántropo que había puesto los cadáveres en el sótano por ser ladrones.

Tuesday, December 11, 2012

"La casa de Asterión" de Jorge Luis Borges

Para leer el ejercicio de lectura y escritura de este cuento haga clic aquí.
La casa de Asterión


Jorge Luis Borges

 Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

Monday, December 10, 2012

Ejercicio de lectura y escritura de "La cena miserable" y "Los heraldos negros" de Cesar Vallejo

Para leer el poema relacionado con este ejercicio haga clic aquí.
Hola, Ramón,
El miércoles 5 de dic, sacamos las palabras para nuestro cuento de los poemas de César Vallejo que leímos en la clase, entre ellos “Los heraldos negros” y “La cena miserable.”

Aquí están nuestras 8 palabras:
1. Rodear
2. Puerta
3. Ajeno
4. Durar
5. Ladrón
6. Lomo
7. Batalla
8. Cabizbajo

Lo que sigue es el cuento que escribimos juntos:

El ladrón andaba cabizbajo porque no podía encontrar a nadie que robar. ¿Por cuánto tiempo esta batalla contra la pobreza iba a durar? Cuando acercaba a una puerta lo rodearon la policía, le tocaron el lomo y le dijeron– ¡Esta casa no es suya! ¡No hay que llevarse las cosas ajenas!

Sunday, December 9, 2012

"La cena miserable" de Cesar Vallejo

Para leer el ejercicio de lectura y escritura de este poema haga clic aquí.
La cena miserable
Cesar Vallejo  

Hasta cuándo estaremos esperando lo que

no se nos debe... Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre! Hasta cuándo

la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.

Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido!...
Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a media noche, llora de hambre, desvelado...
Y cuándo nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos!
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.

De codos

todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido: hasta cuándo la cena durará.

Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros, como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba...

Y menos sabe

ese oscuro hasta cuándo la cena durará!

Saturday, December 8, 2012

"Los heraldos negros" de Cesar Vallejo

Los heraldos negros
Cesar Vallejo

Hay golpes en la vida tan fuertes . . . ¡Yo no se!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos;

la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma
¡Yo no se!
Son pocos; pero son . . . abren zanjas oscuras

en el rostro mas fiero y en el lomo mas fuerte,

Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte


Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna adorable que el Destino Blasfema,
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema


Y el hombre....pobre...¡pobre!

Vuelve los ojos,
como cuando por sobre el hombre
nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos,
y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa,
en la mirada.



Hay golpes en la vida, tan fuertes . . . ¡Yo no se!

Saturday, December 1, 2012

Ejercicio de lectura y escritura de "Ser y Estar" de Mario Benedetti

Para leer el cuento relacionado con este cuento haga clic aquí.
Hola Ramón,

Gracias por enviarnos este poema. Nos gustó leer y discutirlo. Lo que sigue es el ejercicio que hicimos en la clase.

Las 8 palabras escogidas del poema.

1. Desafinadamente
2. Analista
3. Coraje
4. Perplejo
5. Salmos
6. Inyectar
7. Distinguir
8. Probemos

Nuestro cuento:

La analista cantaba los salmos desafinadamente. Aunque no podía distinguir sus propios sonidos, cantaba con mucho coraje e inyectaba su mirada con los ojos perplejos al público, esperando aplauso. Después de esa demostración, ¡todo el mundo quería probar un martini! También demandaron un reembolso de su donación.